domingo, 8 de mayo de 2011

La espera.

Con Cryin en el aire, y el viento otoñal dispersando aromas de sábado, camino con los cables del auricular enrollados en el celular, mal colocados en mi bolsillo trasero junto con un bollo de billetes, que suman una cantidad considerable. La cabeza se me despeja a cada paso y los pies se rinden ante las botas. No quiero saber más nada, y me quiero ir a casa. Pero no tengo sueño y el cansancio es totalmente bancable. Quiero estar presente, no se si en ese lugar pero si en ese preciso momento. Semáforos, gente abrigada hasta la nariz, gente desabrigada y con minifaldas ultra cortas y las piernas desnudas. El clima ciclotímico porteño, y la humedad incesante no te dejan decidir en paz que ponerte. En un intermedio, con una camiseta corta y unos jeans, el pelo suelto, echo un lío, me enfrento a la brisa. No puedo pensar en nada, es simplemente en todo lo que pienso. Estabilidad, es la sensación que tengo, por más estrés, cansancio, ritmo acelerado que se me diagnostique, puedo vivir con eso si la estabilidad permanece. Llego al MC... me confundo el pedido, sumo, resto, reclamo, me voy. No hay nada en que pensar, no me lo invento, no me interesa pensar en nada. Y sin embargo, tengo la cabeza embotada. Es la hora, es el sueño, es el día, la humedad, el viento, y las hojas, es sábado por la tarde, y estoy haciendo extras, es el momento que me desperté y el momento en que me acosté, es la noche, la mañana y la tarde, es querer saber, saber y saber. Solo si vale la pena, perseverar y en algun momento llegar a entender.

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