No quiero limones en mi alacena, no quiero limones en mi cama, ni en mi placard, no quiero limones en mi cabeza, y ay, estás tan ácida, tan ácida. No quiero tus limones cerca mío no los quiero, no los quiero. No quiero extrañarlos tampoco, no quiero, y ay, se vuelve tan ácido, tan ácido. No quiero. No quiero. Te extraño.
Crónica de la fundación de Buenos Aires (Basilio A. Raymundo)
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*“las cosas que allí se vieron*
*no se han visto en Escrituras,*
*comer la propia asadura*
*de su hermano.”*
Crónica de la fundación de Buenos A...
Hace 3 días

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