Me levanté en silencio clavando la mirada en la pared. En mi cabeza, resonaban las palabras que deseaba te hubieses arrepentido de decir. Estaba en un mudo caos interno, no quería voltear a verte, pero tampoco quería quedarme ahi, mi cabeza no se enfriaba. Me pediste que me acueste de nuevo a tu lado. Lo hice. Y frené esa intolerable cadena de pensamientos entrelazados que no paraba de fluir. Te mire y tu edad no hacía justicia a tu rostro, eras un niño. Sonreís como siempre despreocupado, y tus ojos se rien con vos. Te besé y reí también. Había olvidado lo que preocupaba a mi cuerpo.
Algo sobre los cátaros y la iglesia católica
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Por Laura López Lobo
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Hace 11 horas
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