No quiero limones en mi alacena, no quiero limones en mi cama, ni en mi placard, no quiero limones en mi cabeza, y ay, estás tan ácida, tan ácida. No quiero tus limones cerca mío no los quiero, no los quiero. No quiero extrañarlos tampoco, no quiero, y ay, se vuelve tan ácido, tan ácido. No quiero. No quiero. Te extraño.
Felices los felices (dijo el venerable ciego)
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La felicidad está en exceso sobrevalorada. Muchos comerciales de televisión
intentando venderte yogures para cagar más fuerte o desodorantes que
lograrán ...
Hace 1 semana

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